Testimonios
Juan Pérez Arcas
c/Pez Volador,XXXX
280XX Madrid
MONFORTIÑO. UNA EXPERIENCIA TURÍSTICO TERMAL
(a Mayte Suárez, musa de las aguas)
He viajado a Monfortiño, durante los días del pasado puente, de la mano de Internet, y de mi buena estrella así como de la de Mayte y sus sabios consejos. Quería conocer un balneario portugués y fui agotando la relación que la Asociación de Balnearios de Portugal ofrece a través de la Red, hasta tener que optar solo entre las escasas Termas abiertas en estas fechas, guiándome finalmente de modo sustancial, por el contenido de la página Web correspondiente.
Y me alegro muy de veras. De suerte que me parece importante empezar por señalar que lo que se dice en la página web de las Termas de Monfortinho, www.monfortur.pt, que no es mucho, es todo cierto, quizás no lo suficientemente expresivo de la realidad termal y turística que alberga el complejo que he tenido la fortuna de conocer, pero absolutamente cierto.
Llegué a las Termas procedente de Madrid entrando en Portugal por Alcántara, tras atravesar su asombroso puente romano y salí de ellas por el puente que une aquella localidad con España en dirección Coria para admirar la ciudad y su catedral. Son muchos los caminos de España que conducen a Monfortiño, pero dada su condición de localidad fronteriza, estos creo que son los más naturales. Monfortiño es un minúsculo pueblo o aldea, encaramado en un montículo, a cuyos pies ha crecido en torno al Balneario una pequeña urbanización integrada por Pensiones, Residencias y Restaurantes, principalmente. El complejo que integran las Termas propiedad de la misma sociedad, está compuesto por las Termas mismas, dos Hoteles, el Astoria y el Fonte Santa; y un precioso Club de Caza y Pesca, junto a una hermosa laguna y dotado de un pequeño restaurante muy acogedor.
Yo acerté reservando en el Hotel Astoria que me parece igualmente confortable que el Fonte Santa, pero que cuenta con un pomposamente denominado a mi entender “Instituto de Hidroterapia”, instalado en su planta baja y sótano y que cuenta con todos los servicios al uso, piscina caliente cubierta, jaccuzi, saunas, turca y seca, masajes. etc., lo que hace innecesario desplazarse al balneario, a unos quinientos metros, a quienes no acudan aquejados de alguna dolencia sino simplemente en busca de relajación, que resulta extraordinariamente cómoda al contar con los servicios en los bajos del Hotel y cuyo uso podía programarse con grandes facilidades y desde un exquisito trato por parte de su personal.
El balneario es otra cosa, empezando por las propiedades de sus aguas, que aunque nos aseguraran en el Hotel que eran las mismas, no parece normal que sean del mismo manantial que le dio fama desde tiempos remotos a sus propiedades curativas.
El balneario instalado en un edificio muy moderno, que visitamos detenidamente asistidos de un empleado del mismo, tan atento como capacitado, es un ejemplo de perfecta organización íntegramente informatizada – solo se entra a cada una de sus dependencias, usando una tarjeta electrónica, programada para que los usuarios escalonen el uso de los servicios – y dotado de los medios más modernos imaginables, mas de cuarenta bañeras para hidromasajes, equipadas con distintos medios según su función preferente, para intentar remediar las mas variadas dolencias, destacadamente las enfermedades de la piel, entre ellas, la psoriasis, que nos aseguraba nuestro guía que es el único Balneario en Europa que la trata con éxito. Sin olvidar los problemas intestinales, hepáticos y biliares, y naturalmente los procedentes de dolencias reumáticas.
Lógicamente el Balneario ya supone una programación mas prolongada para que resulte interesante puesto que exige una cuota de inscripción y una tasa de asistencia médica imprescindibles, para empezar, asistencia médica que acompañará al paciente durante todo el tratamiento. Es otra cosa, pero a tener muy en cuenta cuando nos apriete el zapato.
Para quienes hemos viajado a Monfortiño para hacer turismo termal, la solución del Hotel Astoria a mí me parece ideal y en cuatro días hemos tenido tiempo de conocer la comarca que ofrece lugares realmente admirables. Monfortiño pertenece al Concejo de Idanha-a-Nova, capital de la comarca, en la que junto a esta localidad es preciso visitar Idanha-a-Velha (Idaña la Vieja), Monsanto y Peña García, cuatro pueblos medievales donde cada piedra es toda una historia, destacando en Idaña la Vieja su intacta conservación, en Monsanto la esbeltez desafiante de su castillo, incrustado en las rocas y erguido sobre un monte dominante; y en Peña García la locura de sus rocas apuntando hacia las estrellas, rotas por el paso del Río Erges en su carrera hacia el Tajo, en cuyo río Erges se sitúan las termas, y cuyo puente a un km. río abajo une a España y Portugal.
Ruta turística en la propia comarca de Monfortiño que hemos podido realizar cómodamente por carreteras en general en buen estado, con muy escaso tráfico y que completamos con la visita a la ciudad medieval más interesante, Sortelha, hacia el Norte, cerca de Sabugal, también interesante por su castillo, y no lejos ya de Guarda. Además de recrearse en cada fachada, en la torre de su castillo, en las dimensiones de su muralla, hay que comer en el restaurante Don Sancho, instalado en una de las casas más emblemáticas de la ciudad.
La región que parece de una economía de subsistencia, muy modesta, con restaurantes modestos así mismo, mucho bacalao condimentado de todas las formas imaginables, con precios muy asequibles, destaca en general por la belleza de su paisaje, por el peso de su Historia escrita en la piedra de sus pueblos medievales, pero sobre todo, por la amabilidad de sus gentes que se aprecia desde el primer momento.
Un viaje turístico termal muy recomendable, en esta época del año y sin ser aficionado a la caza, que para ellos, los cazadores, aquello debe ser la gloria, mientras que en verano, las piscinas al aire libre tanto en el Astoria como en el Fonte Santa, en este son sensacionales, como en el Club de Caza y Pesca, han de dar otras ocasiones de esparcimiento, a mas de la que proporcione la pesca.
Juan Pérez Arcas
